Cuando el periodista golpea las manos frente a la casa de Silvia Lai, imputada como coautora del crimen de José Salas, los vecinos de la cuadra asoman sus cabezas por las ventanas con la esperanza de verla salir.
"Sé que están sus hijos, pero a ella no la vi", reveló Sofía Rodríguez, que vive a pocos metros del domicilio de la acusada. El cronista llama a la puerta reiteradas veces y toca el timbre en tres oportunidades. El rostro de un joven apareció por la ventana. Se acababa de despertar. "Mi mamá no está", dijo, y con la misma lentitud con la que habló se sumergió de nuevo en el interior del domicilio.
La hermana del muchachito, que estaba en la esquina de su casa junto a su novio, le expresó a LA GACETA que Lai estaba bien y que asistiría al juicio el próximo miércoles. "Adiós, no voy a hablar más", dijo, y -al igual que su hermano- ingresó a su hogar. La joven fue testigo durante el debate oral.
En la casa en la cual el masajista prófugo regenteaba un gimnasio - y donde ahora sólo funcionan un consultorio y un centro de jubilados-, Ángel Rizo, tío de Salas, habló con el cronista, con un ejemplar de LA GACETA en su regazo. "A ?Pepe? lo conocí cuando era chico. Era una buena persona. Hace poco me jubilé y me vine a vivir a Trancas. Leyendo los diarios me enteré de lo sucedido. No sé quién es ese tal Picci...". "(Al fugitivo) o lo tienen bien escondido o estaba metido con la mafia y lograron sacarlo", agregó.
Otra tía de la víctima explicó que Piccinetti "siempre hizo lo que quiso y nunca habló; se fue, así nomás", le contó la mujer al cronista del diario. Estaba enojada porque había presenciado todas las jornadas del debate oral y se quedó con ganas de escuchar la sentencia.